Buscando embarazo: Cómo cuidarse

Cuando estamos buscando embarazo…

Tenemos a mano mucha información acerca de cómo tenemos que cuidar de nuestra salud durante la gestación. Pero, ¿Hay que tener algún cuidado especial mientras estamos buscando embarazo? Sobre este tema no se habla tanto, y tal vez sea igual de importante cuidarse antes que durante el embarazo.

En el post de hoy vamos a ver qué aspectos de nuestra salud tenemos que cuidar cuando estamos buscando embarazo.

En realidad, deberíamos tomar todas estas medidas que os voy a contar a continuación siempre y cuando no estemos usando un método anticonceptivo.

Por qué es tan importante cuidarse

Si lo piensas, cuando te enteras de que te has quedado embarazada, tu hijo ya lleva 2 o 3 semanas (si no son más) desarrollándose. Y en esas 2 o 3 semanas ocurren cosas importantísimas en el desarrollo embrionario.

Cómo cuides tu salud en esas primeras semanas es crucial para la futura salud de tu bebé. Por eso es tan importante planificar el embarazo y asesorarte sobre qué precauciones tienes que tomar.

La alimentación

Es el pilar básico y fundamental para cuidar de nuestra salud en todos los aspectos de nuestra vida, y en el ciclo reproductivo tiene muchísima importancia.

En general se trata de intentar llevar una alimentación lo más natural posible y con la mínima cantidad de productos azucarados y ultraprocesados. Hoy en día sabemos que los azúcares, las harinas refinadas y las grasas de mala calidad producen problemas de salud que en cierto modo pueden afectar a nuestra fertilidad. Por lo tanto, ya que el consumo de estos productos no es aconsejable para la población en general, el mejor consejo que puedo daros es evitarlos al máximo.

Introduce en tu día a día frutas y verduras, aumenta el consumo de legumbres, carne, pescado, huevos… En definitiva, come comida real y deja de lado los alimentos superfluos. Este consejo nos sirve tanto para la búsqueda del embarazo como para cuando hemos conseguido el embarazo en sí.

El peso con el que empezamos el embarazo puede influir en muchos aspectos. Para empezar, hoy en día sabemos que personas con un IMC de >29 (recuerda que el IMC se calcula dividiendo tu peso entre tu altura en metros elevada al cuadrado), es decir con sobrepeso y rozando la obesidad, tienen menos probabilidades de quedarse embarazadas.

También sabemos que si empezamos el embarazo con sobrepeso u obesidad, tenemos menos margen para aumentar de peso, y para eso tendremos que cuidarnos mucho. Los kilos de más también se asocian a más complicaciones durante el embarazo y el parto.

Así que vale la pena revisar nuestros hábitos alimentarios antes del embarazo y aprender hábitos saludables para evitar mayores problemas.

Tenemos muy claro que hay ciertas cosas de la alimentación que tienen que cambiar cuando nos hemos quedado embarazadas. Dejar el embutido, cocinarlo todo bien, extremar la higiene… Pero, ¿qué hay que cambiar en nuestra forma de comer cuando buscamos el embarazo?

Realmente, en este punto hay que tomar exactamente las mismas precauciones que durante el embarazo. Como hemos dicho ya, cuando te enteras de que estás embarazada ya han sucedido cosas muy importantes en el desarrollo del bebé, y es importante empezar con buen pie en este sentido.

Estas precauciones en realidad son reglas básicas de seguridad alimentaria que debería seguir la población general para evitar cualquier infección que tenga su origen en la comida. Pero en el embarazo o mientras estamos buscando el embarazo es especialmente importante ser más estricta con estos consejos, porque estas infecciones pueden tener consecuencias graves en el bebé: malformaciones, abortos u otras complicaciones.

Por eso, al igual que en el embarazo, mientras buscamos embarazo es importante evitar:

El embutido curado

El jamón serrano, salchichón, chorizo, sobrasada, o cualquier otro tipo de embutido que no haya sufrido un proceso de cocinado es susceptible de estar contaminado por toxoplasmosis. Por lo tanto, la recomendación es evitar su consumo o cocinarlo a temperatura suficiente para destruir el toxoplasma.

Existen estudios que apuntan a que la congelación a -18ºC destruye el parásito, pero si tu congelador no es suficientemente potente o no estás segura de ello, es mejor que lo evites. Como se dice en ciencia, “stay on the safe side” (quedarse en el lado seguro).

Además, las guías actuales no recomiendan comprobar si la mujer tiene anticuerpos contra la toxoplasmosis, ya que muy poca gente los tiene en realidad. Así que el consejo es dar las recomendaciones de seguridad alimentaria a todo el mundo.

En general, es importante mantener una buena higiene durante la preparación de alimentos. Hay infecciones como la toxoplasmosis o la listeria que también se pueden dar por contaminación cruzada por los cuchillos, las superficies de la cocina o las tablas de cortar que usamos. Por eso es muy importante un buen lavado de manos y mantener una buena higiene de todas las superficies y utensilios que se utilizan en la cocina.

También sabemos que algunas infecciones se pueden transmitir a través de la tierra que pueden contener la verdura o la fruta. Por eso es muy importante lavar estos productos antes de consumirlos, a ser posible con una dilución de agua y lejía (4 gotas en 1l de agua). Incluso aquellos productos que indican que están lavados previamente (como las ensaladas de bolsa). Es especialmente importante seguir esta recomendación para consumir aquellos productos que vamos a consumir crudos. Aquellos que vamos a cocinar tienen menos riesgo de contener bacterias por el calor al que se someten.

La carne cruda o poco hecha

Al igual que el embutido, la carne que no ha pasado por un proceso de cocinado con suficiente calor también puede estar contaminada por toxoplasmosis y otras bacterias.

Por lo tanto, todos los productos de origen animal que consuman deben estar bien cocinados. Nada de entrecot al punto, no puede haber color “rosita” por en medio

Los lácteos sin pasteurizar

El queso fresco, la leche fresca, o cualquier otro producto que no esté hecho con leche pasteurizada, puede estar contaminado por Lysteria monocytogenes. Seguramente os suena este nombre por el brote que ocurrió en Andalucía, que tuvo su origen en una marca de carne mechada.

Y es que la Lysteria también la podemos en encontrar en productos que no han seguido una correcta cadena del frío o conservación, o que no han sufrido un proceso de cocinado a suficiente temperatura.

El pescado crudo o poco cocinado

El pescado puede estar contaminado por Anisakis, un conocido parásito. El Anisakis no produce malformaciones fetales en concreto. Pero la afectación materna que puede provocar esta infección a nivel de deshidratación, fiebre y empeoramiento del estado general, sí que pueden afectar el bebé.

Para evitar una infección por Anisakis es importante que el pescado que consumamos sea sometido a un proceso de congelación (durante al menos 5 días) y/o cocción a suficiente temperatura. Lo que ocurre es que el pescado que ha sido congelado para consumirse crudo también puede contener otras bacterias como por ejemplo la Lysteria, que es resistente al frío. Por lo tanto, lo más seguro es consumir el pescado cocinado SIEMPRE. Deberíamos evitar preparaciones tipo boquerones en vinagre, sushi, sashimi, ceviche, carpaccio, ahumados, o conservas en salmuera (anchoas).

El huevo crudo

La salmonela es una bacteria que se puede encontrar en la cáscara del huevo y puede encontrarse en alimentos que contengan huevo crudo. Cuando lo cocinamos a temperatura suficiente, la salmonela muere. Por eso es importante consumir siempre el huevo cocinado, nunca crudo.

Debemos prestar especial atención a las tortillas, los huevos fritos o a la plancha, pero también a aquellos productos que se preparan con huevo y este podría estar crudo: mayonesas o salsas caseras, merengue, mousse, crema, etc.

No hay evidencia de que la infección por salmonela produzca malformaciones en el bebé, pero al igual que el anisakis, la diarrea, la deshidratación y el deterioro del estado general de la mamá sí que podrían afectarle.

Los pescados ricos en mercurio

Los pescados de gran tamaño que viven mucho tiempo en el mar y se alimentan de otros pescados más pequeños, pueden contener mercurio en sus tejidos. Sabemos que el mercurio es muy difícil de eliminar, y que puede ser tóxico para el bebé.

Por lo tanto, deberíamos evitar el consumo de pescados como: atún rojo, lucio, serviola, emperador, tiburón, pez espada… Esta recomendación debemos extenderla también a niños de hasta 10 años.

Suplementación

En el embarazo es fundamental tener unos niveles adecuados de ácido fólico (vitamina B9) para que el bebé pueda formar adecuadamente su tubo neural. Esto ocurre en fases muy tempranas del embarazo, por ello lo adecuado sería tener unas buenas reservas de ácido fólico cuando estamos buscando embarazo.

Conseguir el ácido fólico que necesitamos a través de la alimentación es muy difícil. Los alimentos ricos en folatos son las verduras de hoja verde, las legumbres, algunas semillas…

El aporte diario que se aconseja es de 400microgramos, y lo que se recomienda es consumirlos a través de un suplemento de ácido fólico.

Lo ideal es empezar a tomarlo 3 meses antes del embarazo, para llegar al momento de la concepción con unas buenas reservas de ácido fólico para que el embrión pueda tirar de ellas y formar adecuadamente su tubo neural.

El ejercicio físico

Nuestro estado de salud previo al embarazo puede condicionar en gran medida la evolución del mismo. Por eso es importante encontrarnos en el mejor estado de salud antes de quedarnos embarazadas.

Otro de los pilares fundamentales para mantener una buena salud es realizar ejercicio físico de forma regular. Sabemos que el ejercicio físico está implicado en la mejoría de muchos aspectos como mantener un peso saludable, prevenir enfermedades como la diabetes o la obesidad, mantener una salud ósea óptima… Así que es recomendable adquirir buenos hábitos de ejercicio cuando estamos buscando embarazo.

Además del tiempo que dedicamos exclusivamente a entrenar, también es importante tener en cuenta lo que se conoce como “NEAT”, es decir, las calorías que gastamos que no son atribuibles al ejercicio físico como tal, sino que las gastamos en nuestro día a día con nuestras actividades cotidianas: subir y bajar escaleras, ir andando o en bicicleta al trabajo, evitar el sedentarismo…

Existe mucho mito alrededor del ejercicio físico y el embarazo. La mayoría de la población tiene miedo, o cree que el embarazo es un motivo para dejar de hacer deporte o incluso para hacer reposo. Nada más lejos de la realidad… Hoy sabemos que no se trata de que la embarazada pueda hacer ejercicio, es que DEBE hacer ejercicio.

La idea es seguir entrenando y realizado ejercicio de forma regular incluso durante el embarazo. Sabemos que hacerlo aporta múltiples beneficios al bebé: mejora su desarrollo neuronal, mejora el flujo de sangre que le llega a través de la placenta, disminuye el riesgo de padecer diabetes gestacional y preeclampsia, y muchas cosas más…

Y ¿qué tipo de ejercicio? ¿cuánto? Pues las recomendaciones para población general y también para el embarazo son 150 minutos de actividad física a la semana, combinando ejercicio aeróbico con ejercicio de fuerza. Salir a caminar no es suficiente, hay que combinarlo con un trabajo muscular de levantar peso, dentro de tus capacidades.

Si nunca has realizado ejercicio físico de forma regular y estás buscando embarazo, mi consejo es que acudas a un profesional licenciando en actividad física (CAFYD o más conocidos como INEF) para que te oriente y te haga un plan de entrenamiento personalizado. Es una inversión en salud que merece mucho la pena.

Revisar tu salud en general

Si tienes algún problema de salud previo, es importante poner tus asuntos en orden antes de buscar el embarazo.

Hay enfermedades que es mejor tener a raya cuando estás buscando embarazo, como la hipertensión, la diabetes, el colesterol alto, el hipotiroidismo y otras enfermedades autoinmunes. Por eso es importante que consultes con tu médico de cabecera o con el especialista que te controla, y que le comentes que estás buscando embarazo para que te aconseje.

También es importante tener en cuenta los problemas de salud mental. Encontrarse en un buen estado emocional para adaptarse a todos los cambios que suponen el embarazo y la maternidad es crucial. Si es posible, es mejor planificar el embarazo cuando te encuentres bien.

Existen muchos medicamentos que no son compatibles con el embarazo, pero se pueden sustituir por otros, por eso es aconsejable consultar con el especialista que te haga el seguimiento para poder cambiar tu medicación. Especialmente si se trata de medicamentos para la tensión, la diabetes, el colesterol, tratamientos para enfermedades autoinmunes, ansiolíticos y antidepresivos.

Insisto especialmente en este punto porque algunos de estos fármacos pueden producir malformaciones en los bebés, por ello es muy importante buscar alternativas compatibles con el embarazo antes de buscarlo.

Revisar tus vacunas y tu estado inmunitario

Tener las vacunas al día es un asunto importante cuando estamos buscando embarazo. Algunas infecciones pueden afectar el bebé produciéndole malformaciones graves, que se podrían prevenir estando debidamente vacunada o inmunizada.

Me refiero especialmente a infecciones como la rubeola, la varicela, la hepatitis B o el citomegalovirus.

Es crucial conocer tu estado inmunitario antes del embarazo, ya que estas vacunas no se pueden administrar durante el embarazo, pero sí antes.

Rubeola

La rubeola está incluida en los calendarios de vacunación infantil, y seguramente te la hayan puesto cuando eras pequeña. Si tienes dudas de si estás bien vacunada, acude a tu matrona para que revise tu historial de vacunación y mire si te han puesto dosis suficientes o incluso te pida una analítica de sangre para ver si tienes anticuerpos.

En caso de que no tengas anticuerpos, se te puede administrar una dosis de la vacuna triple vírica (que contiene la rubeola, el sarampión y la parotiditis). Así te aseguras de que tienes anticuerpos durante el embarazo. Al ser una vacuna que contiene virus vivos, es importante evitar el embarazo durante al menos un mes después de administrarla.

La hepatitis B

También suele estar incluida dentro del calendario vacunal, y la mayoría de mujeres estamos inmunizadas contra ella.

La varicela

No suele estar incluida dentro del calendario vacunal habitual de las mujeres que hoy somos adultas. Pero sí que es frecuente que la hayamos pasado durante la infancia. Pregunta a tu madre si se acuerda de que la hayas pasado, ya que con eso es suficiente para considerarte protegida. En caso de duda y si por tu trabajo estás en contacto habitual con niños o eres profesional de riesgo, se podría solicitar una serología.

Si no la has pasado, y eres profesional de riesgo, es importante que cuando te quedes embarazada enseguida te pongas en contacto con tu servicio de prevención de riesgos laborales.

El citomegalovirus

El citomegalovirus (o la enfermedad del beso) es algo menos conocido, y de hecho no se suele hacer un cribado sistemático de anticuerpos en las mujeres embarazadas. Pero es especialmente interesante saber si lo has pasado si tienes contacto habitual con niños por tu trabajo o porque tengas otros niños en edad escolar en casa.

Si no lo has pasado o no estás segura de ello, no existe vacuna. Si estás buscando embarazo,  la prevención se basa en una buena higiene de manos y en evitar dar besos en la boca a los niños.

Revisiones ginecológicas y citologías

Recuerda que no se recomienda hacerse revisiones con el ginecólogo de rutina si no tienes ningún problema concreto. Pero sí que es aconsejable realizarse citologías con regularidad para la detección precoz del cáncer de cérvix.

Si tienes más de 25 años, seguramente alguna vez te han hecho una citología. Si tienes pendiente hacerte una, o tienes más de 25 años y nunca te han hecho una, es aconsejable ponerse al día con ellas antes de buscar embarazo.

Los problemas que se pueden detectar en una citología no tienen por qué afectar directamente al embarazo. Pero sí que es cierto que el embarazo no es el mejor momento para tratarlos. Así que es mejor hacerse la citología antes, y si hay algún problema ponerle solución.

Cuánto puedo tardar en quedarme embarazada

«¿Cuánto tiempo puedo tardar en quedarme embarazada?», es una duda recurrente en temas de ginecología. En la época de la inmediatez en la que vivimos, nos preocupa no conseguir quedarnos embarazadas al primer mes de intentarlo, pensamos que algo nos pasa o que nos tenemos que hacer pruebas.

Es más, solemos pensar que la culpa es nuestra, de las mujeres. Pero ese tema lo tocaremos otro día.

Un factor importante a tener en cuenta es que la fertilidad no es la misma a lo largo de los años. Existe un momento “cúspide” que más o menos es a los 25 años, y a partir de ahí se mantiene un poco y empieza a bajar progresivamente.

Se calcula que aproximadamente el 30% de mujeres mayores de 35 años tiene dificultades para conseguir un embarazo. También sabemos que los hombres mayores de 30 años pueden empezar a sufrir una disminución de la calidad de su esperma. Cada mujer y cada hombre son diferentes y es difícil hacer esquemas que valgan para todo el mundo igual, pero esas son las estadísticas.

Y es que quedarse embarazada no es tan fácil como parece, porque tienen que ocurrir muchas casualidades juntas. Se ha calculado que en parejas sanas, con cada ciclo tienen un 20% de probabilidades de conseguir un embarazo.

El óvulo sólo está disponible para ser fecundado una vez en cada ciclo, y sólo durante unas 24 horas. Ya de por sí es difícil conseguir que coincida ese momento con las relaciones sexuales, aunque por suerte los espermatozoides son capaces de sobrevivir unos 3 días dentro del útero y eso nos da más posibilidades.

La ovulación es el momento del ciclo más interesante a la hora de buscar el embarazo, pero no siempre es fácil de detectar. Con un calendario a mano, si tenemos ciclos regulares es más o menos sencillo dar con los días más fértiles. Pero si tienes ciclos muy irregulares, es más complicado detectarlo. Tenéis un vídeo en mi canal de YouTube donde hablo sobre cómo calcular los días fértiles.

Haciendo un resumen muy resumido, porque el tema es mucho más complejo: sabemos que la LH (hormona luteínizante) es la responsable de hacer que se produzca la ovulación. Se produce durante todo el ciclo, pero tiene un pico de 48h que desencadena la ovulación. Existen tests de ovulación en internet que sirven para detectar el pico de esta hormona, que te pueden ayudar si tienes los ciclos muy irregulares.

En parejas sanas que mantienen relaciones sexuales regularmente y sin protección, se considera normal que el embarazo tarde hasta un año en ocurrir. Es tan normal quedarse embarazada en el primer mes como en el 10º mes de intentarlo, no significa que no estéis sanos.

Así que en principio no hay que hacer nada en especial, ni consultar con el ginecólogo ni nada, hasta que no haga un año que lo estáis intentando de manera activa.

Una vez hayáis alcanzado el año de intentarlo sin éxito, es el momento de empezar a pedir cita con la matrona o con el ginecólogo para empezar a averiguar si hay algún tipo de problema que os dificulte lograr el embarazo.

Puede haber ciertos problemas ginecológicos que necesiten un asesoramiento especial o algún tipo de tratamiento antes de que llegue el año, como por ejemplo el síndrome del ovario poliquístico.

En cualquier caso, es recomendable que pidáis cita con vuestra matrona en el momento en el que empecéis a buscar embarazo, porque es importante conocer vuestro estado de salud general, vuestro estilo de vida, actualizar vuestro calendario vacunal y revisar una serie de consejos antes de empezar a buscar embarazo.

Para dar más en el clavo con los días fértiles, también es interesante que apuntes tus ciclos en un calendario para calcular tus días fértiles. Tenéis un vídeo en el canal donde explico cómo los podéis calcular.

Los juguetes eróticos. Cómo darle emoción a las relaciones sexuales.

La insatisfacción sexual, los problemas de excitación, la incapacidad para alcanzar el orgasmo… Son consultas muy habituales en ginecología.

Siempre individualizamos cada caso, porque cada persona tiene sus peculiaridades y no existen recetas mágicas que sirvan igual para todos. Pero muchas veces proponemos como parte de la solución, introducir algún juguete sexual.

Tanto para usarlo a solas, como para usarlo en pareja. Siempre decimos que para poder disfrutar de las relaciones sexuales en pareja, lo primero es aprender a disfrutar dándose placer a uno mismo. Es difícil que le digas a tu pareja que es lo que te gusta, si nunca has probado a hacértelo tu misma; así que ese es el primer bloque de hielo que hay que romper.

Ya sea para tratar un problema sexual, o simplemente por añadir un toque de picardía a tus relaciones habituales, vale la pena echar un vistazo a todas las posibilidades que existen.

Pero también es cierto que una se puede volver loca si se mete en cualquier página web a buscar un juguete sexual. Hay muchísima variedad, y muchas veces no sabemos ni por dónde empezar.

Aquí os traigo una pequeña guía de compra para elegir un juguete sexual, con un resumen de casi todo lo que podréis encontrar en una tienda erótica, y para qué se puede usar cada cosa.

Vibradores vaginales

Tal vez estos sean los más clásicos y conocidos. Los hay de mil formas, tamaños y texturas. Si es la primera vez que adquieres un juguete erótico, quizá no sería este el más indicado para empezar, principalmente por su tamaño.

No es necesario elegir el más grande para sentir más placer, ya que la parte interior de la vagina tiene muchas menos terminaciones nerviosas que el clítoris. Es interesante centrarse más en él.

Dentro de los vibradores vaginales, hay una categoría de vibradores que se llaman tipo “conejito” o dobles. Incluyen una protuberancia más pequeña que también estimula el clítoris, para dar una estimulación extra.

También hay algunos vibradores de tamaño más pequeño y con forma de huevo y que tienen control remoto, que están pensados para usarlos como juego con la pareja, y así añadirle un toque de picardía a las relaciones.

Vibradores para el clítoris

Sabiendo que el clítoris es mucho más sensible, existen juguetes que se centran en estimular esa parte. Hay vibradores mini, masajeadores de clítoris y también el últimamente muy famoso y conocido succionador de clítoris.

Parece que el succionador de clítoris se acaba de inventar, pero realmente lleva varios años en el mercado. Mucha gente habla maravillas de él, especialmente las que no habían usado otros juguetes antes. Pero también hay comentarios en la red de mujeres que ya habían probado otros juguetes, que creen que el succionador de clítoris no les aporta ninguna sensación nueva, tan sólo la rapidez de llegar al orgasmo en pocos minutos.

También hay masajeadores dobles, que se pueden usar a la vez en el clítoris y en la vagina, pero tienen un tamaño más pequeño. Este tipo de juguetes también son ideales para principiante, ya que no son un problema por su tamaño.

Muchas veces es más fácil empezar por esta categoría de juguetes, porque por lo general facilitan que se alcance el orgasmo más rápido. Suelo recomendarlos en casos de dificultades para alcanzar el orgasmo o problemas de excitación, ya que ayudan a ganar confianza en el hecho de que somos capaces de tener un orgasmo con una estimulación adecuada.

Juguetes anales

Esta es una categoría en la que por lo general cuesta más entrar a probar, pero vale la pena darle una oportunidad. No todas las mujeres son capaces de sentir placer mediante la penetración anal exclusiva, pero sí puede ser un complemento para hacer más placentera otra actividad (sexo oral, penetración vaginal, masturbación, etc).

Cabe hacer mención especial a que puede resultar muy placentero usarlos en un hombre. Con la penetración anal se estimula el punto G de los hombres, que se llama punto P. Ese punto P no es más que la próstata, que al estimularla produce un extra de placer muy potente.

Es importante que por cuestiones de seguridad, los juguetes sexuales siempre deben tener un “tope” o “anilla” para evitar que sean succionados hacia dentro por los movimientos del colon.

Existen diferentes tipos de juguetes anales: dilatadores progresivos, vibradores, “plugs”… Es un mundo interesante que merece la pena conocer.

Juguetes para usar en pareja

Además de jugar a solas, también hay algunos aparatos pensados para usar entre los dos (ya sea en relaciones homosexuales o heterosexuales).

Hay vibradores de clítoris con un agujero en la parte de la vagina que permiten la penetración a la vez que se usa la vibración.

También existen anillos vibradores que se colocan directamente en el pene y estimulan el clítoris y la vulva durante la penetración.

Para las parejas que es apetezca probar cosas algo más atrevidas, se venden plugs anales para hombres que se unen a un anillo que rodea la base del pene. El objetivo es estimular el punto P durante la penetración y hacer que tanto la erección como el orgasmo masculino sean más intensos.

¿Y para ellos?

Tranquilos, que está todo inventado. Existen también juguetes sexuales para los hombres. E

Entre los juguetes sexuales masculinos encontramos los huevos de placer, que son unos objetos de silicona con forma de huevo que se usan para la masturbación.

También fabrican una especie de cilindros recubiertos de silicona por dentro que simulan la textura de una vagina, que también se usan para que la masturbación sea más placentera.

Las relaciones sexuales en el embarazo

¿Es seguro tener sexo durante el embarazo?

Mantener relaciones sexuales es algo que genera placer y bienestar. Por lo menos cuando son satisfactorias. Pero es muy habitual preguntarse si durante el embarazo son peligrosas.

Gran parte de la culpa de estas dudas la tenemos los propios profesionales sanitarios. Nos hemos pasado muchos años (y algunos lo siguen haciendo) diciendo que es mejor evitar las relaciones sexuales durante el primer trimestre de embarazo, o en el último trimestre, por distintas razones.

Hoy en día sabemos que mantener sexo durante el embarazo, siempre cuando la embarazada lo desee, no supone ningún peligro para el bebé en ningún momento del embarazo, cuando se trata de un embarazo normal. De hecho es beneficioso que la mujer embarazada sienta placer, y a que las endorfinas tienen muchos efectos positivos en nuestro cuerpo.

Ni siquiera se ha podido demostrar que evitar las relaciones sexuales prevenga de un aborto. Y ahí también tenemos que entonar el “mea culpa” los profesionales sanitarios que nos dedicamos a atender a las mujeres durante el embarazo, porque se nos ha llenado la boca de decir aquello de: “evitar los esfuerzos y relaciones sexuales con penetración” cuando una mujer presenta una amenaza de aborto o un sangrado durante el primer trimestre de embarazo

Hoy en día tenemos a mano muchísima evidencia que demuestra que hacer reposo o evitar las relaciones sexuales con penetración no previene ni evita un aborto. Dicho de otra manera, si el embarazo tiene que terminar en un aborto, acabará en un aborto hagas o no hagas esfuerzos. Por lo tanto no tiene sentido hacer esas recomendaciones.

En resumidas cuentas: ¡disfruta del sexo durante el embarazo!

Hay algunas situaciones en las que sí está desaconsejado mantener relaciones con penetración. Con esto quiero decir que el resto de formas de practicar sexo que se os ocurran son válidas (sexo oral, masturbación, etc.). No se recomienda el coito en caso de:

  • Placenta previa
  • Rotura de la bolsa amniótica
  • Amenaza de parto prematuro
  • Sangrado vaginal
  • Después de una prueba invasiva (amniocentesis)

Por cierto, ya que hablamos del aborto y los sangrados. Es importante saber que es normal tener un pequeño sangrado después de mantener relaciones sexuales con penetración. Esto pasa porque el cuello del útero está muy sensible durante el embarazo y le llegan muchos vasos sanguíneos. Con el movimiento del pene dentro de la vagina, uno de esos vasos se puede romper y provocar un sangrado. El sangrado suele ser en poca cantidad, autolimitado (se para solo), y de aspecto rosado/marronáceo, aunque también podría ser de color rojo. Lo importante es que no sea en cantidad superior a una regla. No hay nada de qué preocuparse, aunque tengas ese sangrado el bebé está bien.

¿Qué pasa con el deseo sexual durante el embarazo?

Otro tema distinto es el cambio que sufre la líbido o el deseo sexual en la etapa de la gestación. Es posible que no tengas las mismas ganas que siempre de mantener relaciones, o que debido a alguna molestia concreta tengáis que cambiar vuestra manera habitual de practicar sexo.

Habitualmente, el primer trimestre es un momento de “bajón” en todos los sentidos. Las náuseas, el sueño, el cansancio u otros síntomas pueden hace que disminuyan tus ganas de mantener relaciones sexuales. Es posible que también notes un aumento en la sensibilidad, tanto en tus pechos como en tu vulva y tu vagina. Eso puede hacer que tengáis que ser más suaves y delicados con algunas prácticas, porque lo que antes te producía placer, ahora te puede provocar dolor.

En el segundo trimestre las molestias típicas del inicio del embarazo suelen desaparecer o mejorar, y es un momento donde la mayoría de mujeres se sienten más activas. Sin embargo, la sensibilidad de la zona vaginal sigue presente. Eso puede convertirse en tu aliado o en tu enemigo: hay mujeres que dicen que durante esta etapa han disfrutado de las mejores relaciones sexuales de su vida, y otras han tenido tanta sensibilidad que no han sido capaces de tener sexo. Todo es adaptarse al momento, encontrar la manera de no estimular hasta el punto de producir dolor, y sobre todo no centrarse sólo en el coito, sino en resto de formas que existen para expresar la sexualidad.

El tercer trimestre es una mezcla de muchos factores, y casi ninguno ayuda a mantener relaciones placenteras. El espacio que ocupa el útero, la posición de la cabeza del bebé, las contracciones esporádicas que pueden aparecer en las últimas semanas… Son molestias añadidas que pueden dificultar la penetración. La forma de la barriga también os obligará a poner la imaginación en marcha y utilizar posturas diferentes para sentirte cómoda. Vuelvo a insistir en que la penetración no es la única manera de mantener sexo, y que si esto resulta molesto podéis poner en práctica cualquier otra cosa: masturbación, uso de vibradores externos, sexo oral…

En resumen, el embarazo es una etapa de cambios en todos los sentidos, y la sexualidad es una de las cosas que cambia. Y al igual que todo lo demás, nos tenemos que adaptar y buscar la manera de seguir disfrutando. Recuerda que estar embarazada no es estar enferma, ¡así que intenta disfrutar todo lo que puedas!

7 Tips para cuidar tu higiene íntima

Algo tan delicado como los genitales de una mujer necesita un cuidado especial. Vamos a repasar los puntos más importantes

1 . ¿Con qué me lavo?

Existen diferentes recomendaciones al respecto. Leeréis en algunas guías que aconsejas no usar ningún tipo de jabón, otras que aconsejan utilizar jabones de glicerina, otras que aconsejan utilizar jabón íntimo… Parece que no hay un consenso claro.

Lo que está claro es que no hay que utilizar jamás el gel que usamos para lavar el resto de nuestro cuerpo. Contiene detergentes agresivos y tiene un pH distinto al que necesita nuestra vulva.

También sabemos que, salvo en ocasiones especiales, si usamos algún gel para lavar la zona debe tener un pH ácido, que es el más parecido al de la propia vulva y respeta nuestra importantísima flora vaginal. Encontré un estudio que había hallado buenos resultados en los geles íntimos que contienen lactoserum para prevenir las infecciones vaginales de repetición.

Puedes utilizar el que más te guste, en los supermercados hay geles de marcas blancas bastante económicos, y si no tienes problemas puedes utilizar ese mismo.

Ahora bien, si eres propensa a tener hongos u otras infecciones, mejor que compres uno de farmacia.

Algunos de los que he probado y recomiendo, son estos que os dejo por aquí:

2. ¿Cómo me lavo?

Parece muy obvio, pero es importante lavarse siempre de delante hacia atrás y nunca al revés, porque eso puede arrastrar bacterias fecales hacia la vagina o hacia la uretra. Esto también vale para el cambio de pañal en las niñas, la toallita siempre debe ir de delante hacia atrás.

Son muy típicas las infecciones vaginales o de orina producidas por bacterias que viven en el intestino, por culpa de esto.

Sobre la frecuencia con la que debemos lavarnos, ahí también reside uno de nuestros grandes errores: y es que, nos lavamos demasiadas veces. Lavarse la zona íntima una vez al día es más que suficiente.

Si necesitas refrescarte más veces por el motivo que sea, utiliza tan sólo agua. Hacer lavados con jabón, aunque sea un jabón adecuado, puede destruir nuestra flora íntima y hacer que aparezcan infecciones.

También se recomienda aclarar los genitales con agua después de mantener relaciones sexuales, además de orinar, para evitar infecciones.

3. Las duchas vaginales…

Hay pocas personas que lo hagan, pero todavía hay gente que se da “duchas vaginales” o que se introduce los dedos en la vagina para lavarse. Sobre todo es muy habitual en mujeres de procedencia latinoamericana.

Esto sí que está demostrado mediante estudios: usar jabón por dentro de la vagina, hacerse duchas vaginales o utilizar líquidos desinfectantes hace que se desequilibre tu flora vaginal, y sea más fácil que tengas infecciones. Por lo tanto no es aconsejable que lo hagas.

Existe la creencia de que el flujo vaginal es sinónimo de suciedad, y por eso tenemos la mala costumbre de intentar hacer que desaparezca lavando la zona en exceso. Pero resulta que el flujo vaginal no es suciedad, es algo normal y de hecho es beneficioso, ya que tiene la misión de protegernos de las infecciones. Lo único que hay que vigilar es que el flujo no tenga mal olor ni te produzca picor, eso es todo.

4. ¿Es bueno usar salvaslip?

Este es uno de los escollos más difíciles de superar. Por algún motivo muchas mujeres se han acostumbrado a usar protectores de braguita a diario, para evitar sentirse húmedas.

¡Pues es justo lo contrario que deberíamos hacer! El salvaslip no deja que la piel transpire y hace «efecto chubasquero», haciendo que la humedad, el sudor y el flujo se acumulen. Y eso es precisamente lo que debemos evitar cuando queremos prevenir infecciones, porque a las bacterias y a los hongos les encanta la humedad y el calorcito. Por lo tanto, más que un aliado resulta ser un enemigo.

Para evitar sentirse incómodas (repito que el flujo no es suciedad, es algo completamente normal y saludable), una buena estrategia es llevar siempre braguitas limpias de repuesto y cambiarte cada vez que lo necesites. Cualquier cosa que se te ocurra, con tal de evitar los dichosos salvaslip.

5. ¿Y las toallitas íntimas?

Usarlas de manera puntual en un viaje puede que no sea tan mala idea. Pero las toallitas íntimas vienen impregnadas de jabones y perfumes. Como hemos dicho antes, no es necesario lavarse los genitales constantemente, y mucho menos con jabón.

Por lo tanto usar estas toallitas cada vez que vamos al baño, tampoco es aconsejable. El papel higiénico es más que suficiente, y si necesitas un frescor extra, utiliza simplemente agua.

6. Con la menstruación

Si utilizas habitualmente compresas, intenta que éstas sean de algodón y no de plástico, ya que acumulan mucha humedad (efecto «chubasquero»). Aunque no estén del todo mojadas, procura cambiarlas con frecuencia para evitar el exceso de humedad.

Con los tampones es importante elegir bien el tamaño según la cantidad de sangrado que tengamos. Cuando hay sangrado escaso es mejor utilizar tampones pequeños, ya que los más grandes no terminan de humedecerse del todo y son muy incómodos de sacar.

Recuerda también que no se deben utilizar tampones si no hay sangrado, ya que existe riesgo de padecer el famoso síndrome del shock tóxico.

Si te apetece atreverte a probar algo nuevo durante tu menstruación, en los últimos años han salido bastantes soluciones alternativas al mercado: la copa menstrual, las bragas menstruales, las compresas de tela

Yo personalmente estoy encantada con la copa menstrual. Hoy en día hay una amplia variedad de marcas y modelos, y seguro que hay alguna en el mercado que se adapte a lo que tú necesitas. Sobre la copa menstrual tenéis un video en mi canal de YouTube, y en breve también escribiré un post sobre ellas. Os dejo por aquí un par de enlaces para que echéis un vistazo:

7. Sobre la ropa interior

Siempre es mucho más transpirable la ropa interior de algodón. Sí, suele ser la menos sexy que existe, pero es la más adecuada para dejar que tus genitales respiren y no se acumule el sudor y la humedad.

Procura evitar usar a diario braguitas de tejidos como poliéster, elastano, lycra, etc, ya que éstos no transpiran. Evita también las braguitas o los tangas que sean muy estrechos.

Por la noche es un buen momento para aprovechar y dormir sin ropa interior y dejar que la zona transpire.

En verano intenta evitar llevar el bañador húmedo durante mucho tiempo. Lleva siempre encima uno seco de recambio y cámbiate cuando puedas.

También conviene evitar los pantalones que son muy ajustados y producen roces, y los que son de tejidos poco transpirables.

Y como siempre, para cualquier cosa que te surja, cualquier sensación rara, cualquier cambio o molestia en tu zona íntima, ¡acude a tu matrona para que valore tu caso y te aconseje!

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El suelo pélvico. ¿Lo cuidamos lo suficiente?

Es una parte muy olvidada de la anatomía femenina, aunque influye en aspectos importantes de la vida diaria de las mujeres

Y es que además el nombre suena a chino. ¿Qué es eso del suelo pélvico? Resumiendo mucho mucho, el suelo pélvico es el conjunto de músculos que están en la parte baja de nuestra pelvis, y se encargan de sujetar todos los órganos y estructuras que hay dentro de ella. También soporta el peso de muchas otras partes de nuestro cuerpo, y está muy relacionado con el abdomen (en concreto con el músculo transverso del abdomen).

Como son músculos, se pueden entrenar y trabajar para mejorar su fuerza.

¿Por qué se debilita el suelo pélvico?

El motivo principal de que esta musculatura pierda su fuerza es que no somos conscientes de ella ni de cómo mantenerla tonificada. A parte de no trabajarla, hay otras cosas que hacen que se debilite. En general tienen que ver con aumentos de la carga que tiene que soportar el suelo pélvico:

  • El embarazo. La gestación en sí hace que haya una sobrecarga sobre esa musculatura por el peso del bebé, la placenta, el líquido amniótico, etcétera. Además hay unas hormonas (relaxina, elastina) que hacen que de por sí todos los músculos de nuestro cuerpo estén más «flojos».
  • El parto. Cuando el bebé pasa por la pelvis, hace que los músculos de la vagina cedan para dejarle paso. Después tienen que recuperar su forma original, pero a veces hay que trabajarlos un poco para ayudarles a estar como antes.
  • El estreñimiento. Si ir al baño supone tener que hacer mucha fuerza, eso también hace que los músculos se resientan y cedan.
  • Los deportes de impacto. Los rebotes constantes, los abdominales «típicos» o las cargas excesivas pueden debilitar el suelo pélvico. Correr y el crossfit están de moda, pero pueden darte problemas si no trabajamos el suelo pélvico por otro lado.

¿Qué pasa cuando el suelo pélvico se debilita?

Como hemos dicho, el suelo pélvico se encarga principalmente de sujetar los órganos que están dentro de la pelvis. Si se debilita, puede dar los siguientes síntomas:

  • Escapes de orina o incontinencia urinaria de esfuerzo. Si la musculatura no sujeta bien la vejiga, es posible que cuando aumenta la presión dentro del abdomen (toser, reír, estornudar), el suelo pélvico no soporte esa carga y deje escapar la orina.
  • Incontinencia fecal. El esfínter anal también se puede ver afectado cuando se debilita la musculatura, y eso puede producir la salida involuntaria de gases o incluso de heces.
  • Problemas en las relaciones sexuales. El suelo pélvico también se encarga en parte de mantener la vagina y el útero en su posición. Cuando pierde su tono, la vagina se queda algo entreabierta, y eso puede disminuir el placer durante las relaciones sexuales o incluso producir dolor.
  • Infecciones de orina. La humedad constante en la zona por los escapes de orina y sobre todo el uso de compresas y protegeslips, pueden favorecer las infecciones. Además, si los órganos se desplazan y la uretra está más abierta de lo que debería, es más fácil que los gérmenes suban hasta la vejiga y produzcan infecciones
  • El sobrepeso y otros problemas de salud pueden también debilitarlo.

También pueden producirse problemas más complejos. Al estar tan relacionado con el abdomen e incluso con la musculatura de la espalda, puede estar relacionado con problemas posturales.

Reconocer tu suelo pélvico

Te será más fácil si te sientas sobre una superficie dura, o sobre una toalla enrollada, o si directamente pones una mano sobre tus genitales.

Ahora, intenta localizar mentalmente esa zona que está en contacto con tu mano o con la toalla. Imagina, por ejemplo, que estás orinando y quieres cortar el chorro de la orina (¡no lo intentes mientras estés orinando de verdad!). Imagina que tienes un tampón puesto, que está a punto de salirse, y quieres apretarlo con la vagina para que no se salga. O imagina, también, que estás a punto de soltar una flatulencia pero estás en un ascensor lleno de gente y tienes que hacer fuerza para que no se te escape.

Si te miras en un espejo, será más fácil que identifiques que lo haces bien. La idea no es que aprietes hacia fuera y «empujes» tu vagina hacia el exterior, sino todo lo contrario, tienes que intentar «absorberla» hacia dentro, como si quisieras subirla y subir el ombligo.

Y lo más importante: ¿cómo lo recupero?

Ahora que has identificado la zona, vamos a ver de qué manera concreta la podemos trabajar.

Esto es lo más importante del post de hoy. Para recuperar el suelo pélvico hay que tener en cuenta que hay dos tipos de músculos en él: músculos que controlamos de manera voluntaria y músculos que no. Es importante saber que hay un porcentaje mucho mayor de músculos involuntarios que voluntarios.

Los músculos que podemos controlar se trabajan principalmente con los ejercicios del suelo pélvico (ejercicios de Kegel). Se trata de contraer los músculos del suelo pélvico de diferentes maneras: contracciones rápidas, contracciones lentas, progresivas, etcétera.

Para empezar, la más fácil es la rápida. Es decir, contraer y relajar los músculos en intervalos de 1 segundo.

Cuando ya la controles, puedes pasar a la lenta. Se trata de apretar y mantener durante un tiempo, e intentar soltar despacio. Es muy importante no aguantar la respiración mientras hacemos el ejercicio, al contrario: hay que intentar soltar el aire mientras contraemos los músculos.

Aquí os pongo una propuesta de ejercicios que podéis practicar en diferentes posturas

Los músculos involuntarios, que son los más importantes, se trabajan de otras formas.

  • Con la vibración. La vibración aplicada sobre la musculatura hace que ésta se tonifique. Se puede conseguir mediante vibradores que usamos habitualmente como juguete sexual, o también con vibradores especiales para la rehabilitación del suelo pélvico.
  • Introduciendo objetos en la vagina. Cuando introducimos algo en ella, involuntariamente los músculos se contraen para no dejarlo salir. Piensa por ejemplo, en cuando utilizas tampones o la copa menstrual; te los pones y no se caen gracias a que esos músculos los sujetan. En este sentido existen multitud de productos en el mercado, como por ejemplo las conocidas «bolas chinas«, os dejo algunos enlaces más abajo de productos que me parecen interesantes.
  • Mantener relaciones sexuales. Esto funciona de maravilla. Ya sea en forma de masturbación, sexo oral, penetración… Lo importante es estimular la zona, y sobre todo llegar al orgasmo.
  • Haciendo trabajo postural, más concretamente la gimnasia abdominal hipopresiva. El suelo pélvico está muy relacionado con otros músculos (columna, abdomen). A veces tan sólo trabajando una buena postura y aprendiendo a activar la zona y no sobrecargarla con los esfuerzos, mejora mucho el estado de la musculatura pélvica.
  • Prevenir tal vez sea lo más importante. Es decir, evitar todo lo que debilita el suelo pélvico: el estreñimiento, el sobrepeso, los deportes de impacto, etcétera.

Enlaces a productos de interés

Acerca de las bolas chinas, siempre es mejor utilizar una sola bola y del menor peso posible. Os colgaré un post entero sobre cómo usar las bolas más adelante. Me gustan especialmente las de Intimina, os dejo el enlace de la de menor peso, también las de Pelvimax y de la Pelvic Ball de Enna, que es nueva:

Cualquier vibrador es una buena opción, pero existen algunos especialmente pensados para trabajar la musculatura del suelo pélvico. El de Ammo London es más asequible, el Elvie Trainer es muy 2.0 con aplicación para el móvil y todo:

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El embarazo prolongado

Un embarazo normal dura aproximadamente unas 40 semanas desde la última menstruación. También se dice que son 10 lunas, 280 días… Cogemos la fecha de última regla hasta que se haga la primera ecografía, así que puede cambiar, sobre todo si tus reglas no son muy regulares.

En las 40 semanas se fija la famosa “fecha probable de parto”. Pero eso no quiere decir que el bebé nazca ese día, tenemos un poco de margen: entre la semana 37 y la 42. Antes de la semana 37 sería un bebé prematuro, y después de la 42 sería un bebé posmaduro o postérmino.

Cuando nos acercamos a la semana 42, es cuando nos planteamos si es mejor seguir con el embarazo o hacer algo para que le parto se ponga en marcha. Según la evidencia científica, hay más riesgo de complicaciones en el parto y problemas para el bebé cuando se han alcanzado las 42 semanas. Los estudios muestran un claro aumento de muerte perinatal a partir de ese momento.

Este es el motivo principal que hace que intentemos hacer lo posible para que el bebé nazca antes de las 42 semanas.

La mayoría de mujeres se ponen de parto por sí mismas, sin necesidad de medios externos, pero un porcentaje llega a ese momento sin que haya nacido el bebé todavía. Si eso ocurre, el equipo de ginecología nos propondrá terminar con el embarazo.

Sabemos que debemos darle tiempo a tu cuerpo para que se ponga de parto, y que si mamá y bebé están bien lo ideal sería esperar. La evidencia científica pone sobre la mesa la posibilidad de inducir el parto entre la semana 41 y la 42, sin dejar demasiado claro en qué día exacto sería mejor, parece que no existen grandes diferencias.

Si el equipo de ginecología te ofrece una inducción antes de que lleguen las 41 semanas, y siempre que no existan otras patologías, estás en tu derecho de pedir que esperen unos días más para darte la oportunidad de ponerte de parto por ti misma. La inducción es un proceso seguro, pero no está exento de riesgos, por lo tanto, deberíamos reservarla sólo para los casos en los que está indicada.

Cómo se induce el parto

Llegado el momento, ¿qué hacemos para intentar que el bebé nazca antes? La inducción consiste en aplicar métodos físicos o farmacológicos para desencadenar el parto de manera artificial, siempre que los riesgos de seguir el embarazo superen los beneficios.

Para inducir el parto tenemos diferentes métodos, y todo depende de las condiciones de las que partimos.

  • Si no hemos dilatado nada, o muy poquito, se dice que empezamos con unas “condiciones desfavorables”. En este caso, se trata de una preinducción, y podemos utilizar:
    • Prostaglandinas: como por ejemplo Propess®, Prepidil® o Misofar®. Son medicamentos parecidos a las propias prostaglandinas que produce nuestro cuerpo al inicio del parto, que se usan precisamente para intentar imitarlas: provocando contracciones que modifiquen el cuello del útero para que se empiece a dilatar. A veces con las prostaglandinas es suficiente para ponerte de parto, pero otras veces hace falta pasar al siguiente paso: la oxitocina.
    • Catéter de balón o sonda Foley: este es un método poco utilizado, pero es una alternativa para aquellas mujeres que por algún motivo no puedan usar las prostaglandinas. Consiste en una sonda vesical que se coloca normalmente en la vejiga, pero en este caso colocamos el balón justo en el cuello del útero y lo inflamos con suero. La presión el balón inflado en el cuello hace que se liberen prostaglandinas de forma natural y se inicie el proceso de parto.
    • Maniobra de Hamilton: no está recogida ni recomendada en todas las guías que hablan sobre inducción de parto, pero igualmente os la explico. Consiste en hacer un tacto vaginal, y con los dedos despegar las membranas (la bolsa) del cuello del útero. Es una maniobra incómoda y dolorosa, no os puedo mentir. Pero parece que los estudios apuntan que esta maniobra realizada de manera adecuada, también libera prostaglandinas y puede ser suficiente para ponerte de parto. Tiene otras pegas, como por ejemplo que produce sangrados y que las contracciones que se desencadenan pueden ser dolorosas, pero no suficientes para ponerte de parto.
  • Si en cambio ya hemos empezado con algunas contracciones y ya hemos dilatado algo, empezamos la inducción con unas “condiciones favorables” y pasamos directamente al segundo paso, que es lo que se llama la inducción directa.
    • En primer lugar, si es posible y puede alcanzarse bien, se rompe la bolsa de las aguas. Para ello se hace un tacto vaginal y se introduce un palo de plástico con un pequeño ganchito, para alcanzar la bolsa y rasgarla para que se rompa. Esto no suele ser doloroso, es parecido a un tacto vaginal, la única diferencia que notarás es que cuando la bolsa se haya roto, empezará a salir líquido amniótico en mayor o menor cantidad (que seguirá saliendo todo el rato). Esto hará que la cabeza del bebé apoye mejor sobre el cuello del útero, y favorecerá que se empiecen a producir prostaglandinas, y como consecuencia contracciones más frecuentes e intensas.
    • En segundo lugar, si con la rotura de bolsa no hemos conseguido unas contracciones regulares y efectivas, o no podemos romperla por algún motivo, pasaremos a poner oxitocina. La oxitocina es una hormona que nuestro propio cuerpo fabrica cuando nos ponemos de parto. La diferencia es que cuando nuestro cuerpo la produce de manera natural, lo hace de forma “pulsátil”. Es decir, no es un chorro continuo de oxitocina, sino que se van generando en una especie de “olas” que vienen y van, y supuestamente a un ritmo que nuestro cuerpo es capaz de soportar. La oxitocina que nos ponen a través del suero se administra de forma continua (muy lenta y controlada, pero continua), y a veces el ritmo de las contracciones es más difícil de aguantar, aunque no imposible.

El objetivo de todo esto es conseguir que te pongas de parto. La mayoría de veces lo conseguimos, pero no siempre tenemos éxito y sucede lo que llamamos “fracaso de inducción”. Y de ahí viene el mayor riesgo de la inducción de parto: la cesárea.

Lo importante de la inducción por embarazo prolongado es que se realice en el momento adecuado (entre la semana 41 y la 42), nunca antes, y siempre con consenso entre el equipo ginecológico y la mujer.

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La prevención del cáncer del cuello del útero

Ayer 26 de marzo, se celebró el día mundial de la prevención del cáncer de cérvix. Un cáncer que por fortuna hoy en día es raro escuchar que alguien tenga, porque gracias a las campañas de prevención que hay en marcha, ha disminuido muchísimo la mortalidad y la incidencia de este tipo de cáncer en los países donde nos hemos puesto las pilas.

El virus del papiloma humano es la principal causa de este problema. Este virus, se considera causa necesaria, pero no suficiente para provocar este tipo de cáncer. Esto quiere decir que para que exista cáncer en el cuello del útero, es indispensable que el virus esté presente, pero el simple hecho de hallar el virus no es indicativo de cáncer.

Este virus es de transmisión sexual. Requiere de contacto íntimo, o de compartir juguetes sexuales, para infectarse. Tiene especial afinidad por el tejido del cuello del útero, que es ahí donde provoca la mayoría de desastres, aunque también se han descrito casos de lesiones en la faringe.

Inicialmente, este virus puede ser inofensivo. Podemos ser «portadoras asintomáticas». Es decir, tener el virus en nuestro cuerpo pero no presentar ningún síntoma y tener los resultados de las citologías normales. Y esta fase puede durar más de 10 años. Así que sí, lo cierto es que podríamos tener el virus del papiloma paseando por ahí y ni siquiera enterarnos, porque puede no producir ningún síntoma.

Después existen dos posibilidades: que nuestro cuerpo sea capaz de defenderse y elimine el virus (lo más probable), o que el virus avance y produzca una lesión en el cuello del útero, Ojo, lesión no es lo mismo que cáncer, y nuestro cuerpo todavía está a tiempo de responder y eliminar el virus.

Las lesiones producidas por el VPH también pueden desaparecer solas (la mayoría de veces) o avanzar hacia un cáncer. De suceder esto, también es un proceso que por lo general es lento, y nos da margen de maniobra para actuar.

En España, la prevención del cáncer de cuello de útero se realiza por dos vías: la vacunación y las pruebas de cribado.

Vacuna del Virus del Papiloma Humano

La vacuna del VPH ha sido muy cuestionada, ha tenido muy mala prensa. pero hoy en día sabemos que es una vacuna segura, que ha sido ampliamente estudiada, y que los efectos secundarios, de haberlos, son poco usuales. Hoy en día la Asociación Española de Pediatría (AEPED) recomienda administrar la vacuna a las niñas aproximadamente a los 12 años, y se administran dos dosis.

En España se comercializan 3 tipos de vacuna del VPH: la bivalente (Cervarix), la tetravalente (Gardasil), y la nonavalente (Gardasil-9). La diferencia entre ellas es el número de cepas diferentes de virus que cubren.

Fuera del calendario vacunal, no está financiada por la seguridad social, por lo menos no en España, pero cualquier mujer que lo desee se la puede administrar. Tiene más sentido a los 12 años porque es menos probable que hayan iniciado relaciones sexuales y la idea es que el cuerpo genere los anticuerpos frente al virus antes de estar en contacto con él en la vida real. Pero en cualquier otro momento se puede poner, eso sí, pagando lo que vale cada dosis (el precio cambia según la farmacia).

Los ginecólogos suelen recomendarla tras haber sufrido una lesión provocada por el virus que ha requerido una conización (operación para quitar el trozo de cuello de útero afectado), y así prevenir una nueva infección.

Hoy en día se está planteando la posibilidad de que también se vacunen los niños en esa edad, porque es más raro que presenten síntomas del VPH, y mucho menos algún tipo de cáncer, pero son transmisores de él.

Los síntomas

La gran mayoría de casos de VPH no dan ningún tipo de síntoma. Por eso es importante no fiarse jamás del buen aspecto exterior que tenga una persona, ya que nunca podemos saber de un vistazo quién es portador del virus y quién no.

En caso de presentar algún síntoma, suelen ocurrir cuando la lesión ha avanzado y son muy inespecíficos.

  • Verrugas genitales. Los famosos condilomas. Suelen estar producidas por las cepas llamadas de «bajo riesgo», así que pocas veces están relacionadas con el cáncer, pero sí con la presencia del virus.
  • Sangrado con las relaciones sexuales. Y este es un síntoma muy poco específico, porque puede ocurrir por cualquier otro tipo de infección vaginal o cervical. En cualquier caso, siempre se debe consultar.

El preservativo como prevención

Como comentaba antes, es un virus que se transmite por contacto sexual. Por lo tanto, es lógico pensar que si utilizamos métodos anticonceptivos de barrera, prevenimos el problema. Pero el Virus del Papiloma Humano es un poquito especial, y es posible que el preservativo no prevenga de la transmisión al 100%

Las lesiones pueden estar localizadas fuera de la vagina o fuera del pene (que es la zona que cubre el preservativo), y en ese caso por mucho que lo utilicemos nos lo pueden transmitir de igual modo.

Esto no quiere decir que no haya que utilizarlo. Recordad que el preservativo protege de muchísimas otras enfermedades de transmisión sexual, y que puede servir para protegernos del VPH siempre y cuando esté en esa zona.

Las pruebas de cribado: la citología

La prueba que se utiliza para la detección de las lesiones producidas por el VPH es la famosa citología. En España se inicia el programa por lo general a los 25 años.

La citología cervical es una prueba en la cual se introduce un espéculo en la vagina para visualizar el cuello del útero, y tomar una muestra de sus células con un cepillo (no es una biopsia, no se cogen trozos de tejido, solo se acaricia con un cepillo).

La citología nos da información sobre la presencia de las lesiones que produce el virus, y según cómo se recoja la muestra, también podemos saber qué tipo de virus tienes.

En caso de resultado negativo (que por fortuna es así la mayoría de veces), se realizan controles habitualmente cada 3 años. Esto puede variar según el protocolo de cada comunidad autónoma. Hay países que incluso cada 5 años.

Es posible que en una clínica privada te ofrezcan de hacerte citologías anuales, y además puede que intenten convencerte de que es muy necesario. Tengo que deciros que no es así, o por lo menos no es eso lo que dicen los estudios y las guías más actuales. Sabiendo que el virus puede tardar muchísimos años en «despertar» y empezar a producir una lesión, sabemos que en 3 años hay tiempo más que suficiente para detectar un caso y hay mucho margen de maniobra.

Os dejo por aquí un link a un vídeo en mi canal de YouTube, donde hablo un poquito más sobre las revisiones ginecológicas:

Día mundial de la endometriosis

Ayer, 14 de marzo, se celebró el Día mundial de la endometriosis.

La endometriosis es una condición que consiste en el crecimiento del endometrio (que normalmente crece dentro del útero), en otro lugar fuera del útero.

En condiciones normales, el endometrio es un tejido que crece gracias a las hormonas del ciclo. Son células que revisten el interior del útero, y se preparan para albergar un posible embarazo. Si el embarazo no se produce en ese ciclo, este tejido se desprende y dale hacia el exterior acompañado de sangre. Tachán, esa es tu menstruación!

Si tenemos endometriosis, ese tejido también crece durante el ciclo, y se desprende durante la menstruación. El problema es que lo hace en un sitio diferente: en la pelvis, en el intestino, en los ovarios…

El síntoma principal de la endometriosis es el dolor pélvico. También puede aparecer dolor durante o después de las relaciones sexuales, dolor al defecar o al orinar, y menstruación en cantidad más abundante de lo habitual.

Otro problema que se asocia a la endometriosis es la infertilidad. De hecho, muchas veces el diagnóstico de endometriosis se hace durante el estudio que se realiza para averiguar el motivo por el cual una pareja no consigue un embarazo.

Por desgracia es un problema que a veces se minimiza o se ignora, y está infradiagnosticado. Y como decía, en la mayoría de ocasiones el diagnóstico es casual (se descubre mientras se hacen pruebas para otras enfermedades, o cuando se realiza una intervención quirúrgica por otro motivo y se visualizan los endometriomas directamente)

Pero por otro lado, una vez establecido el diagnóstico existen varias alternativas. El tratamiento suele consistir en anticonceptivos hormonales, que controlan el crecimiento de esas células endometriales y disminuyen las molestias y el sangrado. En algunos casos, se puede incluso considerar la cirugía.

Si tienes dudas sobre este tema, no dudes en consultar a tu matrona!