Para todo en esta vida siempre hay alguna pega, algún «pero». Ser matrona no iba a ser menos, también tiene sus «peros».

Normalmente te dicen que ser matrona es muy chulo, que debe ser uno de las profesiones más bonitas del mundo. Y por supuesto que lo es, y estoy encantada de poder tener este privilegio que es ayudar a traer nuevas vidas al mundo.

Pero pocas veces la gente se acuerda de esa pequeña parte, que también está ahí, y no es tan bonita. La parte de rozar la línea que separa la vida y la muerte, la parte donde unos pocos segundos pueden hacer una gran diferencia.

Tenemos la gran suerte de contar con un sistema de formación que nos prepara para reaccionar ante situaciones así, y gracias a eso podemos decir que estos casos son la minoría. Aunque también es cierto, que en ocasiones, no está todo en nuestras manos. Y aunque reaccionemos, aunque hagamos todo lo posible, ni los ginecólogos ni las matronas somos dioses, y hay casos en los que sucede lo inevitable sin que podamos hacer nada.

Es una verdadera lástima, y es muy doloroso. Ninguna familia se prepara para un mal resultado durante el embarazo o el parto, porque siempre pensamos que todo va a ir bien. Es cierto que todo suele ir bien la mayoría de veces, pero también existe esa pequeña posibilidad que nadie quiere contemplar.

Ni siquiera nosotros queremos contemplarla, pero existe. Ojalá fuera diferente, pero no tenemos el control sobre la vida y la muerte.

Siempre hay un «pero»

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