Buscando embarazo: Cómo cuidarse

Cuando estamos buscando embarazo…

Tenemos a mano mucha información acerca de cómo tenemos que cuidar de nuestra salud durante la gestación. Pero, ¿Hay que tener algún cuidado especial mientras estamos buscando embarazo? Sobre este tema no se habla tanto, y tal vez sea igual de importante cuidarse antes que durante el embarazo.

En el post de hoy vamos a ver qué aspectos de nuestra salud tenemos que cuidar cuando estamos buscando embarazo.

En realidad, deberíamos tomar todas estas medidas que os voy a contar a continuación siempre y cuando no estemos usando un método anticonceptivo.

Por qué es tan importante cuidarse

Si lo piensas, cuando te enteras de que te has quedado embarazada, tu hijo ya lleva 2 o 3 semanas (si no son más) desarrollándose. Y en esas 2 o 3 semanas ocurren cosas importantísimas en el desarrollo embrionario.

Cómo cuides tu salud en esas primeras semanas es crucial para la futura salud de tu bebé. Por eso es tan importante planificar el embarazo y asesorarte sobre qué precauciones tienes que tomar.

La alimentación

Es el pilar básico y fundamental para cuidar de nuestra salud en todos los aspectos de nuestra vida, y en el ciclo reproductivo tiene muchísima importancia.

En general se trata de intentar llevar una alimentación lo más natural posible y con la mínima cantidad de productos azucarados y ultraprocesados. Hoy en día sabemos que los azúcares, las harinas refinadas y las grasas de mala calidad producen problemas de salud que en cierto modo pueden afectar a nuestra fertilidad. Por lo tanto, ya que el consumo de estos productos no es aconsejable para la población en general, el mejor consejo que puedo daros es evitarlos al máximo.

Introduce en tu día a día frutas y verduras, aumenta el consumo de legumbres, carne, pescado, huevos… En definitiva, come comida real y deja de lado los alimentos superfluos. Este consejo nos sirve tanto para la búsqueda del embarazo como para cuando hemos conseguido el embarazo en sí.

El peso con el que empezamos el embarazo puede influir en muchos aspectos. Para empezar, hoy en día sabemos que personas con un IMC de >29 (recuerda que el IMC se calcula dividiendo tu peso entre tu altura en metros elevada al cuadrado), es decir con sobrepeso y rozando la obesidad, tienen menos probabilidades de quedarse embarazadas.

También sabemos que si empezamos el embarazo con sobrepeso u obesidad, tenemos menos margen para aumentar de peso, y para eso tendremos que cuidarnos mucho. Los kilos de más también se asocian a más complicaciones durante el embarazo y el parto.

Así que vale la pena revisar nuestros hábitos alimentarios antes del embarazo y aprender hábitos saludables para evitar mayores problemas.

Tenemos muy claro que hay ciertas cosas de la alimentación que tienen que cambiar cuando nos hemos quedado embarazadas. Dejar el embutido, cocinarlo todo bien, extremar la higiene… Pero, ¿qué hay que cambiar en nuestra forma de comer cuando buscamos el embarazo?

Realmente, en este punto hay que tomar exactamente las mismas precauciones que durante el embarazo. Como hemos dicho ya, cuando te enteras de que estás embarazada ya han sucedido cosas muy importantes en el desarrollo del bebé, y es importante empezar con buen pie en este sentido.

Estas precauciones en realidad son reglas básicas de seguridad alimentaria que debería seguir la población general para evitar cualquier infección que tenga su origen en la comida. Pero en el embarazo o mientras estamos buscando el embarazo es especialmente importante ser más estricta con estos consejos, porque estas infecciones pueden tener consecuencias graves en el bebé: malformaciones, abortos u otras complicaciones.

Por eso, al igual que en el embarazo, mientras buscamos embarazo es importante evitar:

El embutido curado

El jamón serrano, salchichón, chorizo, sobrasada, o cualquier otro tipo de embutido que no haya sufrido un proceso de cocinado es susceptible de estar contaminado por toxoplasmosis. Por lo tanto, la recomendación es evitar su consumo o cocinarlo a temperatura suficiente para destruir el toxoplasma.

Existen estudios que apuntan a que la congelación a -18ºC destruye el parásito, pero si tu congelador no es suficientemente potente o no estás segura de ello, es mejor que lo evites. Como se dice en ciencia, “stay on the safe side” (quedarse en el lado seguro).

Además, las guías actuales no recomiendan comprobar si la mujer tiene anticuerpos contra la toxoplasmosis, ya que muy poca gente los tiene en realidad. Así que el consejo es dar las recomendaciones de seguridad alimentaria a todo el mundo.

En general, es importante mantener una buena higiene durante la preparación de alimentos. Hay infecciones como la toxoplasmosis o la listeria que también se pueden dar por contaminación cruzada por los cuchillos, las superficies de la cocina o las tablas de cortar que usamos. Por eso es muy importante un buen lavado de manos y mantener una buena higiene de todas las superficies y utensilios que se utilizan en la cocina.

También sabemos que algunas infecciones se pueden transmitir a través de la tierra que pueden contener la verdura o la fruta. Por eso es muy importante lavar estos productos antes de consumirlos, a ser posible con una dilución de agua y lejía (4 gotas en 1l de agua). Incluso aquellos productos que indican que están lavados previamente (como las ensaladas de bolsa). Es especialmente importante seguir esta recomendación para consumir aquellos productos que vamos a consumir crudos. Aquellos que vamos a cocinar tienen menos riesgo de contener bacterias por el calor al que se someten.

La carne cruda o poco hecha

Al igual que el embutido, la carne que no ha pasado por un proceso de cocinado con suficiente calor también puede estar contaminada por toxoplasmosis y otras bacterias.

Por lo tanto, todos los productos de origen animal que consuman deben estar bien cocinados. Nada de entrecot al punto, no puede haber color “rosita” por en medio

Los lácteos sin pasteurizar

El queso fresco, la leche fresca, o cualquier otro producto que no esté hecho con leche pasteurizada, puede estar contaminado por Lysteria monocytogenes. Seguramente os suena este nombre por el brote que ocurrió en Andalucía, que tuvo su origen en una marca de carne mechada.

Y es que la Lysteria también la podemos en encontrar en productos que no han seguido una correcta cadena del frío o conservación, o que no han sufrido un proceso de cocinado a suficiente temperatura.

El pescado crudo o poco cocinado

El pescado puede estar contaminado por Anisakis, un conocido parásito. El Anisakis no produce malformaciones fetales en concreto. Pero la afectación materna que puede provocar esta infección a nivel de deshidratación, fiebre y empeoramiento del estado general, sí que pueden afectar el bebé.

Para evitar una infección por Anisakis es importante que el pescado que consumamos sea sometido a un proceso de congelación (durante al menos 5 días) y/o cocción a suficiente temperatura. Lo que ocurre es que el pescado que ha sido congelado para consumirse crudo también puede contener otras bacterias como por ejemplo la Lysteria, que es resistente al frío. Por lo tanto, lo más seguro es consumir el pescado cocinado SIEMPRE. Deberíamos evitar preparaciones tipo boquerones en vinagre, sushi, sashimi, ceviche, carpaccio, ahumados, o conservas en salmuera (anchoas).

El huevo crudo

La salmonela es una bacteria que se puede encontrar en la cáscara del huevo y puede encontrarse en alimentos que contengan huevo crudo. Cuando lo cocinamos a temperatura suficiente, la salmonela muere. Por eso es importante consumir siempre el huevo cocinado, nunca crudo.

Debemos prestar especial atención a las tortillas, los huevos fritos o a la plancha, pero también a aquellos productos que se preparan con huevo y este podría estar crudo: mayonesas o salsas caseras, merengue, mousse, crema, etc.

No hay evidencia de que la infección por salmonela produzca malformaciones en el bebé, pero al igual que el anisakis, la diarrea, la deshidratación y el deterioro del estado general de la mamá sí que podrían afectarle.

Los pescados ricos en mercurio

Los pescados de gran tamaño que viven mucho tiempo en el mar y se alimentan de otros pescados más pequeños, pueden contener mercurio en sus tejidos. Sabemos que el mercurio es muy difícil de eliminar, y que puede ser tóxico para el bebé.

Por lo tanto, deberíamos evitar el consumo de pescados como: atún rojo, lucio, serviola, emperador, tiburón, pez espada… Esta recomendación debemos extenderla también a niños de hasta 10 años.

Suplementación

En el embarazo es fundamental tener unos niveles adecuados de ácido fólico (vitamina B9) para que el bebé pueda formar adecuadamente su tubo neural. Esto ocurre en fases muy tempranas del embarazo, por ello lo adecuado sería tener unas buenas reservas de ácido fólico cuando estamos buscando embarazo.

Conseguir el ácido fólico que necesitamos a través de la alimentación es muy difícil. Los alimentos ricos en folatos son las verduras de hoja verde, las legumbres, algunas semillas…

El aporte diario que se aconseja es de 400microgramos, y lo que se recomienda es consumirlos a través de un suplemento de ácido fólico.

Lo ideal es empezar a tomarlo 3 meses antes del embarazo, para llegar al momento de la concepción con unas buenas reservas de ácido fólico para que el embrión pueda tirar de ellas y formar adecuadamente su tubo neural.

El ejercicio físico

Nuestro estado de salud previo al embarazo puede condicionar en gran medida la evolución del mismo. Por eso es importante encontrarnos en el mejor estado de salud antes de quedarnos embarazadas.

Otro de los pilares fundamentales para mantener una buena salud es realizar ejercicio físico de forma regular. Sabemos que el ejercicio físico está implicado en la mejoría de muchos aspectos como mantener un peso saludable, prevenir enfermedades como la diabetes o la obesidad, mantener una salud ósea óptima… Así que es recomendable adquirir buenos hábitos de ejercicio cuando estamos buscando embarazo.

Además del tiempo que dedicamos exclusivamente a entrenar, también es importante tener en cuenta lo que se conoce como “NEAT”, es decir, las calorías que gastamos que no son atribuibles al ejercicio físico como tal, sino que las gastamos en nuestro día a día con nuestras actividades cotidianas: subir y bajar escaleras, ir andando o en bicicleta al trabajo, evitar el sedentarismo…

Existe mucho mito alrededor del ejercicio físico y el embarazo. La mayoría de la población tiene miedo, o cree que el embarazo es un motivo para dejar de hacer deporte o incluso para hacer reposo. Nada más lejos de la realidad… Hoy sabemos que no se trata de que la embarazada pueda hacer ejercicio, es que DEBE hacer ejercicio.

La idea es seguir entrenando y realizado ejercicio de forma regular incluso durante el embarazo. Sabemos que hacerlo aporta múltiples beneficios al bebé: mejora su desarrollo neuronal, mejora el flujo de sangre que le llega a través de la placenta, disminuye el riesgo de padecer diabetes gestacional y preeclampsia, y muchas cosas más…

Y ¿qué tipo de ejercicio? ¿cuánto? Pues las recomendaciones para población general y también para el embarazo son 150 minutos de actividad física a la semana, combinando ejercicio aeróbico con ejercicio de fuerza. Salir a caminar no es suficiente, hay que combinarlo con un trabajo muscular de levantar peso, dentro de tus capacidades.

Si nunca has realizado ejercicio físico de forma regular y estás buscando embarazo, mi consejo es que acudas a un profesional licenciando en actividad física (CAFYD o más conocidos como INEF) para que te oriente y te haga un plan de entrenamiento personalizado. Es una inversión en salud que merece mucho la pena.

Revisar tu salud en general

Si tienes algún problema de salud previo, es importante poner tus asuntos en orden antes de buscar el embarazo.

Hay enfermedades que es mejor tener a raya cuando estás buscando embarazo, como la hipertensión, la diabetes, el colesterol alto, el hipotiroidismo y otras enfermedades autoinmunes. Por eso es importante que consultes con tu médico de cabecera o con el especialista que te controla, y que le comentes que estás buscando embarazo para que te aconseje.

También es importante tener en cuenta los problemas de salud mental. Encontrarse en un buen estado emocional para adaptarse a todos los cambios que suponen el embarazo y la maternidad es crucial. Si es posible, es mejor planificar el embarazo cuando te encuentres bien.

Existen muchos medicamentos que no son compatibles con el embarazo, pero se pueden sustituir por otros, por eso es aconsejable consultar con el especialista que te haga el seguimiento para poder cambiar tu medicación. Especialmente si se trata de medicamentos para la tensión, la diabetes, el colesterol, tratamientos para enfermedades autoinmunes, ansiolíticos y antidepresivos.

Insisto especialmente en este punto porque algunos de estos fármacos pueden producir malformaciones en los bebés, por ello es muy importante buscar alternativas compatibles con el embarazo antes de buscarlo.

Revisar tus vacunas y tu estado inmunitario

Tener las vacunas al día es un asunto importante cuando estamos buscando embarazo. Algunas infecciones pueden afectar el bebé produciéndole malformaciones graves, que se podrían prevenir estando debidamente vacunada o inmunizada.

Me refiero especialmente a infecciones como la rubeola, la varicela, la hepatitis B o el citomegalovirus.

Es crucial conocer tu estado inmunitario antes del embarazo, ya que estas vacunas no se pueden administrar durante el embarazo, pero sí antes.

Rubeola

La rubeola está incluida en los calendarios de vacunación infantil, y seguramente te la hayan puesto cuando eras pequeña. Si tienes dudas de si estás bien vacunada, acude a tu matrona para que revise tu historial de vacunación y mire si te han puesto dosis suficientes o incluso te pida una analítica de sangre para ver si tienes anticuerpos.

En caso de que no tengas anticuerpos, se te puede administrar una dosis de la vacuna triple vírica (que contiene la rubeola, el sarampión y la parotiditis). Así te aseguras de que tienes anticuerpos durante el embarazo. Al ser una vacuna que contiene virus vivos, es importante evitar el embarazo durante al menos un mes después de administrarla.

La hepatitis B

También suele estar incluida dentro del calendario vacunal, y la mayoría de mujeres estamos inmunizadas contra ella.

La varicela

No suele estar incluida dentro del calendario vacunal habitual de las mujeres que hoy somos adultas. Pero sí que es frecuente que la hayamos pasado durante la infancia. Pregunta a tu madre si se acuerda de que la hayas pasado, ya que con eso es suficiente para considerarte protegida. En caso de duda y si por tu trabajo estás en contacto habitual con niños o eres profesional de riesgo, se podría solicitar una serología.

Si no la has pasado, y eres profesional de riesgo, es importante que cuando te quedes embarazada enseguida te pongas en contacto con tu servicio de prevención de riesgos laborales.

El citomegalovirus

El citomegalovirus (o la enfermedad del beso) es algo menos conocido, y de hecho no se suele hacer un cribado sistemático de anticuerpos en las mujeres embarazadas. Pero es especialmente interesante saber si lo has pasado si tienes contacto habitual con niños por tu trabajo o porque tengas otros niños en edad escolar en casa.

Si no lo has pasado o no estás segura de ello, no existe vacuna. Si estás buscando embarazo,  la prevención se basa en una buena higiene de manos y en evitar dar besos en la boca a los niños.

Revisiones ginecológicas y citologías

Recuerda que no se recomienda hacerse revisiones con el ginecólogo de rutina si no tienes ningún problema concreto. Pero sí que es aconsejable realizarse citologías con regularidad para la detección precoz del cáncer de cérvix.

Si tienes más de 25 años, seguramente alguna vez te han hecho una citología. Si tienes pendiente hacerte una, o tienes más de 25 años y nunca te han hecho una, es aconsejable ponerse al día con ellas antes de buscar embarazo.

Los problemas que se pueden detectar en una citología no tienen por qué afectar directamente al embarazo. Pero sí que es cierto que el embarazo no es el mejor momento para tratarlos. Así que es mejor hacerse la citología antes, y si hay algún problema ponerle solución.